Literatura / Ocio

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Daichi tenía un gran sueño. Ese era el de ser mangaka. Deseaba ser un rostro reconocido de la Jump como lo eran Akira Toriyama, Eiichiro Oda o Masashi Kishimoto. Podíamos calificarlo como "otaku", pero a él no le gustaba dicho término. Para él representaba a un colectivo demencial al mismo nivel que los furros. Cabe destacar que el término "otaku" es algo complejo de definir cuya explicación terminaría en una divagación. Volviendo con Daichi, que pese a ser un fan del manga/anime y de los videojuegos también, era alguien que se podía definir como "normal". Hacía años que se había desentendido de aquel grupo que lamentablemente se volvía cada vez más mayoritario y que hacía que muchos japoneses detestasen y se avergonzasen del medio, como un hispano con el reguetón. A pesar de sus diferencias con la mayoría de la comunidad no le impedía seguir desarrollando su mayor pasión en este mundo. Sabía dibujar y con un poco de práctica podía llegar a igualar a los grandes, por lo tanto, talento no le faltaba. Se prometió que cuando cumpliese la mayoría de edad escribiría su primer manga pero luego pensando de forma más realista era mejor un doujinshi de una serie popular del momento. Y ahí se puso manos a la obra. Con ayuda de su amigo Takuma decidió publicar su propio doujinshi para comercializarlo en una convención. Aquella obra se trató de una serie de tiras cómicas frente a la inmensa mayoría que son de contenido erótico. El día de la convención parecía que iba a ser decepcionante, nadie se había acercado a su puesto para mostrar interés por su mercancía. Pese a ser una pequeña tirada de cincuenta ejemplares, tenía pinta de que no iban a vender ni uno solo. - Tenías que haber hecho un doujinshi hentai -le dijo Takuma. - Lo siento pero no es mi filosofía -le respondió Daichi. - Pero es lo que vende... - ¿¡Cuántas veces te lo he dicho que no pienso prostituir mis ideales de artista al servicio de una manada de degenerados!? - Perdona, no era mi intención cabrearte... Cuando todo parecía perdido apareció un hombre con aspecto de negocios. Vestido con un traje negro y con el pelo engominado reflejaba la figura prototípica del salaryman. Durante unos minutos se quedó con la mirada fija en el trabajo de Daichi.